—Me parece mejor; en el monte sufrirán menos los animales, porque si llueve caerá piedra.

—¡Y no se perderán algunos caballos?

—No se han de mover, los tendremos á ronda cerrada en alguna abra.

—¿Y has tomado la senda?

—Sí, señor.

—¿Estás cierto?

—¡Cómo no!

—¿No te parece prudente que llevemos luces de señal?

—Sería bueno, señor.

—Bien, pues; que hagan pronto unos manojos de paja y sebo.