¡Qué alma tienen!

Son buenas como la caridad, dulces como los querubines, puras como las auras del Elíseo.

Se puede vivir al lado de ellas y amar la vida.

¡Ah! ellas nos hacen comprender que hay una belleza cuyos encantos el tiempo no destruye, la belleza moral.

¿Por qué han de ser tan lindas y tan malas: por qué tanta donosura, al lado de tanta perfidia á veces?

¿Por qué esos rostros angélicos y esos corazones satánicos?

¿Por qué han de ser tan repelentes y tan buenas; por qué tanta seducción oculta, al lado de tanta exterioridad desagradable?

¿Por qué esas caras defectuosas y esos corazones que son un dechado?

¿Por qué ha hecho Dios cosas tan contradictorias, como una mujer adorable y mala?