Ramón dijo:

—Es muy buena la señora,—se levantó, salió, y me dejó solo con ella.

Doña Fermina Zárate no tiene nada de notable en su fisonomía; es un tipo de mujer como hay muchas, aunque su frente y sus ojos revelan cierta conformidad paciente con los decretos providenciales.

Está menos vieja de lo que ella se cree.

—¿Y por qué no se viene usted conmigo señora?—le dije.

—¡Ah! señor—me contestó con amargura—¿y qué voy á hacer yo entre los cristianos?

—Para reunirse á su familia. Yo la conozco, está en la Carlota, todos se acuerdan de usted con gran cariño y la lloran mucho.

—¿Y mis hijos, señor?

—Sus hijos...