—¿Qué indios?—le pregunté.
—Los de la Jarilla.
—¿Y por qué silban?
—Nos han de haber sentido y no saben lo que es.
Mora me inspiraba confianza, hice alto; pero temiendo una celada, me dispuse á la lucha, haciendo que mis cuatro compañeros echaran pie á tierra.
Si son más que nosotros, me dije, pie á tierra somos más fuertes, y si no vienen con mala intención, se acercarán á reconocernos.
Efectivamente, apenas nos desmontamos, aparecieron siete indios armados de lanzas.
La luna asomaba en aquel mismo momento como un filete de plata luminoso, por entre un montón de nubes.
—Háblales en la lengua—le dije á Mora.
Mora obedeció dirigiéndoles algunas palabras.