Los indios avanzaron cautelosamente soslayando los caballos.

Camilo Arias con ese instinto admirable que tenía dijo:

—Están con miedo.

—Háblales otra vez—le dije á Mora.

Obedeció éste, habló nuevamente, y los indios se acercaron al tronco con las lanzas enristradas, haciendo alto á unos veinte metros.

—¿Con permiso de quién pasando?—dijeron.

—¿Con permiso de quién andando por acá?—les contesté.

—¿Ése quién siendo?—repusieron.

—Coronel Mansilla, peñi—agregué.