—Yo indio pobre, vos cristiano rico—repuso.
Y junto con la contestación se guardó la libra, dejándome con un palmo de narices.
Todos los circunstantes festejaron con risotadas espontáneas la treta del indio.
Mi compadre Baigorrita, me dijo: Viejo diablo, ¿eh?
Tuve que amoldarme á las circunstancias y que declararme neófito en materia de escamoteos.
Las visitas se fueron retirando poco á poco.
Yo estaba cansado, y por ciertas razones tenía necesidad de mudarme la ropa.
Salí sin ceremonia del toldo.
Había mucha gente afuera, charlando alegremente con los de mi comitiva, al mismo tiempo que le daban un avance á una parva de algarroba. Había dos cosechas para el invierno.
Tenía hambre.