—¿Queréis permitirme que os presente a mis hijos?... Harry y Bella, venid.

Harry era un precioso muchacho de seis años y Bella una linda niñita de cinco; ambos tenían los grandes ojos negros de la madre y sus dorados cabellos.

Después que el cura besó a los dos niños, Harry, que miraba con admiración el uniforme de Juan, preguntó:

—¿Y al militar debemos besarle también, mamá?

—Si queréis—respondió ella,—y si él consiente.

Un minuto después los dos niños estaban instalados en las rodillas de Juan y lo abrumaban a preguntas.

—¿Sois oficial?

—Sí, soy oficial.

—¿De qué?

—De artillería.