—Os repito, señorita, que debo ir a saludar a vuestra hermana... me ha visto... y debe estar asombrada...

Atravesó el salón, mientras Bettina lo seguía con la vista. Madama Norton acababa de instalarse en el piano para hacer bailar un poco a los jóvenes. Pablo de Lavardens se acercó a miss Percival.

—¿Queréis hacerme el honor, señorita?

—¡Ah! Creo haber prometido este vals al señor Juan.

—En fin, ¿si no es con él... será conmigo?

—Convenido.

Bettina se dirigió hacia Juan que se había sentado cerca de madama Scott.

—Acabo de echar una gran mentira. El señor de Lavardens vino a invitarme para este vals, y le respondí que os lo había prometido... Sí, ¿no es verdad, queréis?

¡Estrecharla en sus brazos, respirar el perfume de sus cabellos!... Juan estaba desesperado... No se atrevió a aceptar.

—Siento, señorita; mas no puedo... no me encuentro bien esta noche. He venido por no partir sin despedirme; pero bailar es imposible.