Madama Norton comenzaba el preludio del vals.
—¡Y bien!—dijo Pablo, llegando alegremente,—¿es con él o conmigo, señorita?
—Con vos—respondió tristemente ella, sin separar los ojos de Juan.
Estaba muy turbada, y contestó eso sin saber lo que decía. Mas en seguida sintió haber aceptado. Habría deseado quedarse al lado de él... pero era demasiado tarde. Pablo le tomó la mano y la arrastró.
Juan se levantó, y los siguió con la vista a los dos, Bettina y Pablo. Una nube le pasó ante los ojos. Sufría atrozmente.
—No me queda más recurso que aprovechar este momento y partir—se dijo.—Mañana escribiré algunas líneas a madama Scott disculpándome.
Dirigiose a la puerta, sin mirar a Bettina... Si la hubiera mirado, se habría quedado.
Pero Bettina lo miraba, y de repente díjole a Pablo:
—Os agradezco mucho, señor, mas estoy fatigada... Detengámonos, os ruego... ¿Me perdonáis, no es verdad?
Pablo le ofreció el brazo.