—¿De veras?...

—Lo que oyes: siento mucho decírtelo, perrro es muy cierrrto... Está déclassée, hijo, déclassée por completo. Todo Madrid le ha dado de lado, y sólo se trata con mi sobrina Villasis, ¡otra que tal!... Perrro siquierrra esta es mujerr de arranque, y gasta y hace ruido...

—¿Pero qué es lo que hace Elvira?...

—¡Horrrorrrres, Jacobito, horrrorrrres!... Empieza porque desde que se separrró de ti, no se la ha vuelto a verr en ninguna parrte: ni en un teatro, ni en un baile, ni en la Castellana, ni siquierrra un domingo en casa de Montijo... Dicen que está fanatizada... Carmen Tagle tuvo una doncella que había estado en su casa ¡y contaba unas cosas!... Siempre detrás de los criados, porrque hoy errra día de ayuno, y mañana de Misa, y al otro día de vigilia... En fin, insufrible; ninguno le paraba... ¡Y ella, unas rridiculeces!... Decían que dorrmía sobre una tarrrima, y ayunaba a pan y agua, y a ejemplo de no sé qué varrrón piadoso, se disciplinaba con un gato[12].

—¡Qué atrocidad!... ¿Con un gato?... ¡Pero eso es imposible!...

—Pues, hijo, así lo asegurrraban... no te puedes figurrarr lo que nos rreímos una noche en casa de Carmen Tagle, discutiendo el asunto... Algunos pensaban que el gato estarrría muerrto; lo que es así, también yo me disciplinaba... Lo mismo podía hacerrse con un plumerrro...

Jacobo pareció tranquilizarse por completo al oír los horrrorrrres que el tío Frasquito le relataba, y cortóle el hilo del discurso, diciendo:

—¡Bah!... Si no es más que eso, de mi cuenta corre desfanatizarla.