—Y, además... yo no puedo irme de aquí. No, no puedo.
—Pero ¿por qué?... Si eres ya una mujer y aquí están sólo las niñas...
—Y las mujeres también...
—¡Pero, hija, por Dios! ¿Dónde están esas mujeres?...
—Las Madres son mujeres.
—Pero ¿tú quieres ser monja?—exclamó Currita abriendo mucho los ojos; y la niña, cerrando los suyos y moviendo enérgicamente la cabeza, contestó con firmeza:
—¡Sí!...
—¡Yaaa!... Muy bien; ahora lo entiendo—dijo Currita muy despacito con su tono de voz más suave—. Y las Madres, como te quieren tanto las pobrecitas, te habrán metido esa idea en la cabeza...
—¡No, no, señora!... Las Madres no me han dicho nada.