con grita de la mar acostumbrada
y las velas de proa al viento dando
gobiernan a la barra señalada;
mas la bella Ericina que guardando
aquesta gente andaba sublimada,
la celada notando tan secreta,
del cielo al mar bajó como saeta.
De Nereo llamó las hijas bellas
con toda la cerúlea compañía,
que porque nació en aguas manda en ellas