y a su mandado el mar obedecía.

El caso les contó para movellas

y, movidas, con todas se partía

a estorbar que la armada no llegase

adonde para siempre se acabase.

Ya con la grande priesa levantando

van en las blancas ondas blanca espuma:

Doto la mar a nado va cortando

más veloz que en el aire va una pluma;

salta Nise, Nerine va volando,