que por tu favor grande y celo santo

fué libre de esta costa tan malina,

a algún puerto, después de tal quebranto,

llevarnos, Rey eterno, determina,

o muéstranos la tierra que buscamos,

pues que por tu servicio navegamos.»

Oyóle estas palabras tan piadosas

la hermosa Dione, y, conmovida,

de las nereidas parte, que llorosas

quedaron de tan súbita partida;