que los helados polos encendía
y el esférico fuego frío volvía.
Pues para más prendar al soberano
Padre, de quien fué siempre amada y cara,
en la forma le habla que al Troyano
en el monte de Ida le hablara:
si la viera el montero que el humano
ser pierde, viendo a la otra en la agua clara,
no esperara que perros le mataran,
que deseos primero lo acabaran.