Pon mi deseo, en efecto, Ninfa mía,
como es digna la gente Lusitana:
sepa el mundo que Tajo y su agua fría
el licor de Aganipe corre y mana:
deja el Pindo, que siento ya a porfía
bañarme Apolo en agua soberana,
o diré que no cumples mi deseo,
porque no se obscurezca tu hijo Orfeo.
Prontos estaban todos escuchando
lo que el sublime Gama contaría