quiebra en hierros las piernas, encendido

en la guerra, do fué preso y rendido.

»¡Oh, famoso Pompeyo!, no te pene

de tus ilustres hechos la ruína,

ni ver que ya la Némesis ordene

que tu suegro victoria alcance dina,

puesto que el frío Fasis o Siene,

que su sombra a ninguna parte inclina,

el helado Bootes, zona ardiente,

temblasen de tu nombre preeminente.