no estorben el camino comenzado,

sintiendo mil dolores, mil enojos,

sin el despedimiento acostumbrado

subimos a la nao, que al despedirse

no puede el que se parte no afligirse.

»Mas un viejo de aspecto venerando

que en la playa se queda entre la gente,

volviéndose a nosotros, meneando

tres veces la cabeza blanca y frente,

la voz cansada un poco levantando