de la cárcel los vientos furïosos,

el furor con palabras avivaba

contra nuestros guerreros animosos:

al punto el claro cielo se entoldaba,

que los vientos comienzan impetuosos

a correr por el mar fuerzas tomando,

torres, montes y casas derribando.

En cuanto este consejo se hacía

en el acuoso asiento, nuestra flota

con viento sosegado proseguía