saluda al rey y damas, y seguía

los once Lusitanos, que es Magricio:

sus amigos abraza el compañero,

que al peligro no falta aunque postrero.

»La dama, como vió que era venido

el que ha de defender su nombre y fama,

del animal de Heles se ha vestido,

que más que a la virtud el vulgo lo ama.

Ya dan señal, y el bélico ruído

los encendidos pechos tanto inflama,