en el grande diluvio do vivieron
los que piedras en gente convirtieron.
¡Cuántos montes entonces derribaron
las olas que batían denodadas!
¡Cuántas viejas encinas arrancaron
las furias de los vientos indignadas!
Las forzosas raíces no pensaron
poderse ver jamás desarraigadas,
ni las hondas arenas desde el suelo
llegar con viento y agua hasta el cielo.