y cómo los que en tal secta creyeron

tanto por todo el mundo se extendieron.

Los rayos de la Cintia se mostraban

en las aguas del mar manso seguras;

las estrellas sus orbes adornaban

cual campo revestido de frescuras;

los furïosos vientos reposaban

por las concavidades más obscuras,

mas la gente del mar toda velaba,

como de tiempo atrás lo acostumbraba.