y a la hermosa Venus se entregaban,

amansadas sus iras y furores.

Ella les prometió, viendo que amaban,

sempiterno favor en sus amores,

tomándoles a todos homenaje

de servir a la flota en su viaje.

Daba ya la mañana en los oteros

por donde el Ganges suena murmurando,

cuando de la alta gavia marineros

por la proa van tierra divisando: