Que amor te herirá, bella doncella,

y tú me esperarás si amor te hiere,

y si me esperas, no hay más que yo espere.»

Ya no huye la bella ninfa, tanto

por darse cara al Luso que seguía,

como por ir oyendo el dulce canto,

las lástimas de amor que le decía;

y volviéndole el rostro blando y santo,

todo bañado en risa y alegría,

caerse deja a los pies del vencedor,