Pan llama la Sagrada Escritura á todo aquello que pertenesce y ayuda á la provisión de nuestra vida. Pues compara á esta su casada, Salomón, á un navío de mercader bastecido y rico. En lo cual hermosa y eficazmente da á entender la obra y el provecho desto que tratamos y llamamos casero y hacendoso en la mujer. La nao, lo uno corre la mar por diversas partes, pasa muchos senos, toca en diferentes tierras y provincias, y en cada una dellas coge lo que en ellas hay bueno y barato, y con sólo tomarlo en sí y pasarlo á su tierra, le da mayor precio y dobla y tresdobla la ganancia. Demás desto, la riqueza que cabe en una nao y la mercadería que abarca, no es riqueza la que basta á un hombre solo ó á un género de gente particular, sino es provisión entera para una ciudad, y para todas las diferencias de gentes que hay en ella trae lienzos y sedas y brocados, y piedras ricas, y obras de oficiales hermosas, y de todo género de bastimento; y de todo gran copia. Pues esto mismo acontece á la mujer casera, que como la nave corre por diversas tierras buscando ganancia, así ella ha de rodear de su casa todos los rincones, y recoger todo lo que pareciere estar perdido en ellos, y convertirlo en utilidad y provecho, y tentar la diligencia de su industria, y como hacer prueba della, así en lo menudo como en lo granado. Y como el que navega á las Indias, de las agujas que lleva y de los alfileres y de otras cosas de aqueste jaez, que acá valen poco y los indios las estiman en mucho, trae rico oro y piedras preciosas; así esta nave que vamos pintando ha de convertir en riqueza lo que pareciere más desechado, y convertirlo sin parecer que hace algo en ello, sino con tomarlo en la mano y tocarlo, como hace la nave, que sin parecer que se menea, nunca descansa, y cuando los otros duermen, navega ella, y acrescienta con sólo mudar el aire el valor de lo que recibe; y así la hacendosa mujer, estando asentada no pára, durmiendo vela, y ociosa trabaja, y cuasi sin sentir cómo ó de qué manera, se hace rica. Visto habrá vuestra merced alguna mujer como ésta, y dentro de su casa debe haber no pequeño ejemplo de aquesta virtud. Pero si no quiere acordarse de sí, y quiere ver con cuánta propiedad y verdad es nao la casera, ponga delante los ojos una mujer que rodea su casa, y que de lo que en ella parece perdido hace dinero, y compra lana y lino, y junto con sus criadas lo adereza y lo labra, y verá que, estándose sentada con sus mujeres, volteando el huso en la mano, y contando consejas (como la nave, que sin parecer que se muda, va navegando, y pasando un día y sucediendo otro, y viniendo las noches y amanesciendo las mañanas y corriendo, como sin menearse, la obra), se teje la tela y se labra el paño, y se acaban las ricas labores, y cuando menos pensamos, llenas las velas de prosperidad, entra esta nuestra nave en el puerto y comienza á desplegar sus riquezas, y sale de allí el abrigo para los criados, y el vestido para los hijos, y las galas suyas, y los arreos para su marido, y las camas ricamente labradas, y los atavíos para las paredes y salas, y los labrados hermosos, y el abastecimiento de todas las alhajas de casa, que es un tesoro sin suelo. Y dice Salomón que trae esta nave de lueñe pan, porque si vuestra merced coteja el principio desta obra con el fin della, y mide bien los caminos por donde se viene á este puerto, apenas alcanzará cómo se pudo llegar á él, ni cómo fué posible de tan delgados y apartados principios venirse á hacer después un caudaloso río. Mas pasemos á lo que después desto se sigue.


VII

PONDÉRASE LA OBLIGACIÓN DE MADRUGAR EN LAS CASADAS, Y SE PERSUADE Á ELLO CON UNA HERMOSA DESCRIPCIÓN DE LAS DELICIAS QUE SUELE TRAER CONSIGO LA MAÑANA. AVÍSASE TAMBIÉN QUE EL LEVANTARSE TEMPRANO DE LA CAMA HA DE SER PARA ARREGLAR Á LOS CRIADOS Y PROVEER Á LA FAMILIA.

Madrugó y repartió á sus gañanes[49]

las raciones, la tarea á sus mozas.

PROVERBIOS

Es, como habemos dicho, esta casada que pinta aquí y pone por ejemplo de las buenas casadas el Espíritu Santo, mujer de un hombre de los que viven de labranza. Y la razón por qué pone por dechado á una mujer desta suerte, y no de las otras maneras, también está dicha. Pues como en las casas semejantes la familia que ha de ir á las cosas del campo es menester que madrugue muy de mañana, y porque no vuelve á casa hasta la noche, es menester también que lleve consigo la provisión de comida y almuerzo, y que se les reparta á cada uno, así la ración de su mantenimiento, como las obras y haciendas en que han de emplear su trabajo aquel día; pues como esto sea así, dice Salomón que su buena casada no encomendó este cuidado á alguna de sus sirvientas y se quedó ella regalando con el sueño de la mañana descuidadamente en su cama; sino que se levantó la primera, y que ganó por la mano al lucero, y amanesció ella antes que el sol, y por sí misma, y no por mano ajena, proveyó á su gente y familia, así en lo que habían de hacer, como en lo que habían de comer. En lo cual enseña y manda á las que son desta suerte, que lo hagan así, y á las que son de suertes diferentes, que usen de la misma vela y diligencia. Porque, aunque no tengan gañanes, ni obreros que enviar al campo, tienen cada una en su suerte y estado otras cosas que son como estas, y que tocan al buen gobierno y provisión de su casa, ordinario y de cada día, que las obligan á que despierten y se levanten y pongan en ello su cuidado y sus manos. Y así, con estas palabras dichas y entendidas generalmente, avisa de dos cosas el Espíritu Santo, y añade como dos nuevos colores de perfección y virtud á esta mujer casada que va dibujando. La una es, que sea madrugadora; y la otra, que madrugando, provea ella luego y por sí misma lo que la orden de su casa pide; que ambas á dos son importantísimas cosas. Y digamos de lo primero.

Mucho se engañan los que piensan que mientras ellas, cuya es la casa, y á quien propiamente toca el bien y el mal della, duermen y se descuidan, cuidará y velará la criada, que no le toca y que al fin lo mira todo como ajeno. Porque si el amo duerme, ¿por qué despertará el criado? Y si la señora, que es y ha de ser el ejemplo y la maestra de su familia, y de quien ha de aprender cada una de sus criadas lo que conviene á su oficio, se olvida de todo; por la misma razón, y con mayor razón, los demás serán olvidadizos y dados al sueño. Bien dijo Aristóteles en este mismo propósito[50] que el que no tiene buen dechado no puede ser buen remedador.