Por donde, cargando yo el juicio algunas veces en ello, me resolví en que de todo aquel vocear y reñir no se podía dar causa alguna que colorada fuese, sino era querer digerir con aquel ejercicio las cenas en las cuales de ordinario esta señora excedía.
Y es así que en estas bravas, si se apuran bien todas las causas desta su desenfrenada y continua cólera, todas ellas son razones de disparate; la una, porque le parece que cuando riñe es señora; la otra, porque la desgració el marido, y halo de pagar la hija ó la esclava; la otra, porque su espejo no le mintió, ni la mostró hoy tan linda como ayer, de cuanto ve levanta alboroto. Á la una embravece el vino, á la otra su no cumplido deseo, y á la otra su mala ventura. Pero pasemos más adelante. Dice:
XVII
NO HAN DE SER LAS BUENAS MUJERES CALLEJERAS, VISITADORAS Y VAGABUNDAS, SINO QUE HAN DE AMAR MUCHO EL RETIRO Y SE HAN DE ACOSTUMBRAR Á ESTARSE EN CASA.
Rodeó todos los rincones de su casa,
y no comió el pan de balde.
PROVERBIOS