Críe, pues, la casada perfecta á su hijo, y acabe en él el bien que formó, y no dé la obra de sus entrañas á quien se la dañe, y no quiera que torne á nacer mal lo que había nacido bien, ni que sea maestra de vicios la leche, ni haga bastardo á su sucesor, ni consienta que conozca á otra antes que á ella por madre, ni quiera que en comenzando á vivir se comience á engañar. Lo primero en que abra los ojos su niño sea en ella, y de su rostro della se figure el rostro dél.

La piedad, la dulzura, el aviso, la modestia, el buen saber, con todos los demás bienes que le habemos dado, no sólo los traspase con la leche en el cuerpo del niño, sino también los comience á imprimir en el alma tierna dél con los ojos y con los semblantes; y ame y desee que sus hijos le sean suyos del todo, y no ponga su hecho en parir muchos hijos, sino en criar pocos buenos; porque los tales con las obras la ensalzarán siempre, y muchas veces con las palabras, diciendo lo que se sigue:


XIX

QUÉ ALABANZAS MERECE LA PERFECTA CASADA, Y CÓMO PARA SERLO ES MENESTER QUE ESTÉ ADORNADA DE MUCHAS PERFECCIONES.

Muchas hijas allegaron riquezas,

mas tú subiste sobre todas.

PROVERBIOS