Hijas llama el hebreo á cualesquier mujeres. Por riquezas habemos de entender no sólo los bienes de la hacienda, sino también los del alma, como son el valor, la fortaleza, la industria, el cumplir con su oficio, con todo lo demás que pertenece á lo perfecto desta virtud, ó por decirlo más brevemente, riquezas aquí se toman por esta virtud conjugal puesta en su punto. Y dice Salomón, que los hijos de la perfecta casada, loándola, la encumbran sobre todas, y dicen que de las buenas ella es la más buena, lo cual dice ó escribe Salomón que lo dirán conforme á la costumbre de los que loan, en la cual es ordinario lo que es loado ponerlo fuera de toda comparación, y más cuando en los que alaban se ayunta á la razón la afición.

Y á la verdad todo lo que es perfecto en su género tiene aquesto, que si lo miramos con atención, hinche así la vista del que lo mira, que no le deja pensar que hay igual. Ó digamos de otra manera, y es que no se hace la comparación con otras casadas que fueron perfectas, sino con otras que parecieron quererlo ser. Y esto cuadra bien, porque esta mujer que aquí se loa, no es alguna particular que fué tal como aquí se dice, sino el dechado y como la idea común que comprehende todo este bien; y no es una perfecta, sino todas las perfectas, ó por mejor decir, es la misma perfección; y así, no se compara con otra perfección de su género, porque no hay otra y en ella está toda, sino compárase con otras cualidades que caminan á ella y no le llegan, y que en la apariencia son este bien, mas no en los quilates. Porque á cada virtud la sigue é imita otra que no es ella, ni es virtud; como la osadía parece fortaleza, y no lo es, y el desperdiciado no es liberal, aunque lo parece.

Y por la misma manera hay casadas que se quieren mostrar cabales y perfectas en su oficio, y quien no atendiere bien, creerá que lo son, y á la verdad no atinan con él; y esto por diferentes maneras; porque unas, si son caseras, son avarientas; otras que velan en la guarda de la hacienda, en lo demás se descuidan; unas crían los hijos y no curan de los criados; otras son grandes curadoras y acariciadoras de la familia, y con ella hacen bando contra el marido. Y porque todas ellas tienen algo de su perfección, que tratamos, parece que la tienen toda, y de hecho carecen della, porque no es cosa que se vende por partes. Y aun hay algunas que se esfuerzan á todo, pero no se esfuerzan á ello por razón, sino por inclinación ó por antojo; y así, son movedizas, y no conservan siempre un tenor, ni tienen verdadera virtud, aunque se asemejan mucho á lo bueno. Porque esta virtud, como las demás, no es planta que se da en cualquier tierra, ni es fruta de todo árbol, sino quiere su propio tronco y raíz, y no nace, ni mana, sino es de una fuente, que es la que se declara en lo que se sigue:


XX

DE CÓMO LA MUJER QUE ES BUENA HA DE CUIDAR DE IR LIMPIA Y ASEADA PARA MOSTRAR ASÍ SU ÁNIMO COMPUESTO Y CONCERTADO, QUE HA DE PROCURAR ADORNAR PRINCIPALMENTE CON EL TEMOR SANTO DE DIOS.

Engaño es el buen donaire,

y burlería la hermosura;