Con española austeridad vigila
—del grave siglo diez y siete, espejo—
bajo la noche fúlgida y tranquila.
Y yo, pensando voy mientras me alejo
con rumbo al mar distante que cintila:
Para vieja ciudad, corazón viejo.
Matanzas, 1915.
EL CEMENTERIO
PERO yo soy el mismo, soy el mismo
de ayer.
González Martínez.
No, poeta, te engañas, no eres el mismo. ¡Tienes
tantos muertos sepultos dentro del corazón!
Aquel que amaba, libre de males y de bienes,
sonámbulo de un mundo de luz y de ilusión.
Aquel que ansiaba un fresco laurel sobre las sienes
como un premio al glorioso ritmo de una canción;
aquel que, malherido de engaños y desdenes,
pedía la limosna de una consolación.