Y aquel... Y aquel...
¡Han muerto tantos en ti, poeta!

Los recuerdos se agolpan en la cripta secreta
donde yacen tu anhelo, tu fe, tu juventud.

Tu yo actual sufre porque a sus muertos no olvida,
y con recelo espera que lo acueste la vida,
blandamente, en el fondo del último ataúd.

Madrid, Noviembre 1917.

ALBORADA

ES hora ya de levantarse, hermana.
Por la rendija del balcón ha entrado
sutil velo de luz. En el granado
hay trinos. Hay en la penumbra, grana.

Ya despertó en la torre la campana...
¡Qué gran fatiga! ¡Cómo hemos velado!
Abre la puerta; el cielo nos ha dado
un día más.—La sombra está lejana.—