El insomnio sacude; no me dejes
buscar el pan sin ti; nunca te alejes
del corazón.—Despunta la mañana.—
¡Tristeza, humilde y tímida tristeza,
abandona el delirio y la pereza;
es hora ya de levantarse, hermana!

Habana, Agosto 1915.

EL SIMIL

LA casa solariega que esfuma en el borroso
ambiente su fachada de sucias piedras rojas,
sirve de fondo al viejo jardín abandonado,
todo él ramas desnudas en las que tiemblan hojas
de un ocre acarminado.
Aquí y allá verdean las cabelleras flojas
de los pinos... ¡Qué fría la mañana de enero!
Llueve. Caen las hojas con un vuelo cansado,
navegan en las charcas plomizas del sendero;
y un árbol que se apoya sobre la tapia mustia
el rudo tronco inclina con tan doliente angustia
que es como un hombre herido que dijese: ¡me muero!

De pronto de las ásperas y obscuras ramazones,
como un collar de alas desgranado en las brumas,
salen, alegremente jugando, unos gorriones
sin miedo a la llovizna que les mojó las plumas.

Yo sonrío y evoco.—¡Oh, mi símil eterno;
ágiles pajarillos, últimas ilusiones
que alegráis la tristeza de mi vida en invierno!...

Madrid, 1919.