LA CITA
ESTAS voces de otoño, que va hilando la rueca
de la imaginación,
están descoloridas y suenan a hoja seca
y a vetusto esquilón.
Es que mi fantasía pagó al tiempo el tributo;
mas rememoro, a veces, con goce juvenil,
que el árbol de mi lírica dió sazonado fruto
y floreció en abril.
Hoy mi vida está opaca de bruma cenicienta,
pero en mi corazón
un apacible fuego primaveral calienta
a una anciana ilusión.
Puedes venir. Acaso mi soledad se alumbre
con tu presencia—¡oh tímida virgen!—. Puedes entrar.
¡Tal vez cuando te acerques avivarán su lumbre
los leños del hogar!
Buenos Aires, Julio 1919.