NO es dolor, es un dulce cansancio. Yo he vivido
camina que camina por la llanura inmensa,
y tengo la fatiga que pide, en recompensa,
echarse sobre el polvo como un perro aterido.
Lo que de andar me falta con desencanto mido,
y el árido horizonte, que sabiamente piensa,
me dice:—Tú no eres para la vida intensa;
tiéndete bajo un árbol y quédate dormido.
No es dolor, no es hastío; es descoyuntamiento
que tenue y suavemente debilita mi aliento
y que a llorar me obliga sin saber yo por qué.
El cansancio del río que a la mar se avecina,
la pereza apacible de la luz vespertina,
la tristeza del nido que sin alas se ve.
Madrid, Octubre 1916.
LA CASTAÑERA
HACE un frío que hiela el aliento. El ocaso
envuelve en púrpura a Madrid.
Todos los transeuntes van con ligero paso.
Y son, cristal la calle; la lejanía, raso,
y cúpulas y torres y remates, rubí.