Al pie del muro—códice de históricas hazañas—,
frente al brasero mustio que apenas da calor,
está una viejecita, que, asando sus castañas,
murmura sotto voce quién sabe qué canción.
La viejecita canta con voz alegre y suave;
la viejecita canta cuando el atardecer
es limpio... Canta a solas, con júbilo, quién sabe
qué canción de placer.
Yo me detengo y digo:—Viejecita, ¿qué cantas?
Ella me ve y responde:—Señor, lo que sentí.
¡Y estoy emocionado, porque recuerdo a tantas
gentes que son así!...
Madrid, 25 Enero 1919.
MAÑANA DE ENERO
En el Paseo del Prado.
LARGAS filas de troncos negros que, en lo alto, engreñan
su varillaje y fingen un dibujo nipón
hecho, a líneas obscuras, en seda blanca.
Sueñan,
a lo lejos, dos fuentes de colmado tazón.