No he de romper el frágil cristal de tu pureza...
Permite que en tus ojos, veneros de tristeza,
se bañe largamente mi aspiración de paz.
IV
INSINUACION
DI, Sor Melancolía, di tu secreto en una
mirada, de esas hondas miradas cristalinas
que son como un Ocaso que emblanqueció la luna
y mancha un fugitivo volar de golondrinas.
¿Eres tú de las almas que ya desde la cuna
van al dolor, y siguen coronadas de espinas,
y tienen en el mundo la gracia inoportuna
del lirio que florece clavado en las ruinas?
Dentro de las monjiles tocas, blancas y negras,
en vano tu semblante con la sonrisa alegras:
tu gesto es misterioso y amargo como el mar.
Tu juventud es como la rosa que en el vaso
litúrgico, agoniza de sed, y, paso a paso,
decora con sus pétalos las gradas del altar.
V
PRIMERA DIVAGACIÓN
A merced de los hados.
Desde el sillón de cubierta
mi fastidio ve pasar,
en ensoñación incierta,
la hora muerta. La hora muerta
y el mar. El cielo y el mar.
Va el alma serena y sola,
Y pienso ante el rebullir
impaciente de la ola,
en la muchacha española
que lloró al verme partir.