¡Ah, su ideal, que comienza a perfilarse en lo futuro como una transformación, serena y nueva, de aquel que hace siglos estaba representado por la espada del Cid, la armadura del Gran Capitán, el ferreruelo de Felipe II y las naves de Hernán Cortés!...
UNA PÁGINA DE NOVELA
EL SUICIDIO DE FELIPE TRIGO
Cerca de las nueve de la noche caminaba yo, con Paco Villaespesa, por la calle del Marqués de Cubas, cuando pasó junto a nosotros un hombre muy delgado y muy alto, vestido con un traje claro:
—Adiós, Felipe—dijo el poeta.
—Adiós, Paco—contestó el otro.
Y Villaespesa, con su natural bondad, me preguntó:—¿Quieres que te lo presente? Es Felipe Trigo. Le he hablado de ti.
—Mira—le indiqué—. Vamos, primero, a ver a Gómez Carrillo. Y luego, mañana, si ahora no queda tiempo, buscaremos a Trigo.