CAPÍTULO XII
MEDIA VUELTA Á LA IZQUIERDA ES LO MISMO QUE MEDIA VUELTA Á LA DERECHA, SINO QUE ES PRECISAMENTE TODO LO CONTRARIO
—Pero, papá, ¿me quieres decir lo que significa esa despedida, lo que sucede hace un mes en esta desdichada casa? Esto es un manicomio, aquí nadie se entiende, todo sucede al revés de lo que debía ocurrir: mi tía llora, tú rabias, Ramiro se marcha: ¡yo no sé qué pensar de todo esto!
—Pues esto significa que esto era un caos; un presidio suelto, como decía de España el célebre O’Donnell, y que desde hoy será lo que debe ser y lo que nunca debió ser de otra manera. Y no te obstines en llevarme la contraria, no me exasperes, ó nos oirán los sordos.
—Ya te están oyendo ahora mismo, puesto que sin motivo ni razón gritas y te enojas.
—Si hay ó no motivo, no eres tú quien pueda juzgarlo. Sufre mi enojo, si le tengo; obedece mis órdenes, y no te metas en dibujos. El primer deber de una hija es la obediencia: cumple con él, y tú y yo ganaremos mucho.
—Pero, papá mío—replicó Lucía acercándose cariñosamente á Benito y colocando sus bonitas manos sobre los hombros de su padre,—papá de mi alma, tú, que hasta hace un mes has sido el hombre más amable, más bondadoso, más dulce de la tierra, y no es mi cariño de hija quien me ciega para juzgarte así, sino que esa es la opinión de todos cuantos tuvieron la dicha de tratarte ó de estar á tus órdenes; tú, cuyo único disgusto, según nos decías muchas veces, era ver á tu amigo Puig siempre malhumorado y misántropo; tú, que sólo pensabas alguna vez en el milagro de ser rico, para hacer la felicidad de tu familia y de todos los que te rodearan; tú, defensor continuo de los obreros, de los criados, de los pobres, de todos aquellos, en fin, que por el solo hecho de servir y depender y trabajar eran dignos de la conmiseración y de la tolerancia de los amos y de los jefes, según tú mismo decías continuamente; tú, papá mío, que jamás desatendiste una recomendación ni negaste una súplica de tu hija; tú, que siempre buscabas mi sonrisa y me tendías tus brazos, ¿cómo hoy te apartas de mí, huraño y fosco, y regañas con todo el mundo, y todo cuanto hacen los que te rodean te irrita y te desagrada? Vamos á ver, ¿quién te ha enojado hasta el extremo de que seas injusto con los demás y desabrido con todos? ¿Quién ha cambiado tu carácter? ¿Quién te aconseja?
—La razón es mi consejera única. Ella sola guía hoy mis razonamientos y mis actos, y á ella sola, serena y fría, he de obedecer en adelante, ya que por desdicha mía la he desconocido tanto tiempo.