—¡Pero, señor, esto es inaudito!...

—¡Silencio! ¡Á callar y á barrer! Ya lo he dicho hoy tres veces: ¡Aquí no hay ya más holganza ni más sopa boba!—dijo fuera de sí el Sr. de Bonet.

—¿Pero es que quiere usted que forme la escoba un tercer brazo de mi individuo? ¿Y la dignidad humana? ¿Y el decoro?

—¡Pues barre con dignidad y con decoro hasta que se rompa la escoba!

—¡Esto es una arbitrariedad ridícula!

—¿Qué dice este bruto?

—¡Que yo no quiero ser un esclavo sin vergüenza; que no soy ningún negro; que no soy barrendero crónico; que tengo mis opiniones políticas; que soy un hombre libre; que por el sufragio universal soy tan ciudadano como el primero, y que si me viera en situación tan humillante, renegaría de mi abyección todo el partido republicano! ¡Eso es lo que tenía que decir, y eso es lo que quiero que conste!

—Y en eso tienes razón que te sobra; y constará—dijo Puig conteniendo su risa y con la mayor sangre fría.

—¡Cómo! ¿También tú?—dijo Benito, encarándose con Puig y no comprendiendo el tono burlón con que había hablado á Rispall.

—¡Hombre..., le tratas de un modo tan humillante! ¡Abusas de tal manera de tu poder con un elector influyente y con un hombre político!...