—He creído ofensivo tal proceder para con Puig, y por eso no lo he hecho.
—Y ha hecho usted muy bien. En fin, Juan le dará á usted cuenta de todo, en cuanto le vea, y debe usted estar tranquilo. ¿Cuál es la otra pregunta que deseaba usted hacerme?
—Como usted comprende, yo no he dudado nunca de las intenciones ni de la rectitud de mi amigo...
—Jamás ha tenido usted motivo para semejante cosa.
—Pues por eso mismo aseguro á usted que nunca he dudado de él. Sin embargo, al ver que pasan días y días y va ya transcurrido un mes y nada se ha formalizado aún respecto á mi herencia, ó donación, ó como quiera que se llame, vengo á preguntar á usted en qué estado se halla ese negocio. Hoy mismo, después de la catástrofe de anoche, y al tener yo que intervenir en todos los asuntos que de ella dependan, ¿con qué carácter voy á hacerlo? ¿Soy ya legalmente, á pesar de no estar aún inscritas á mi nombre en el registro mis propiedades, el dueño de ellas? ¿El acta de renuncia de Puig á sus derechos, está ya redactada y firmada por él, ó no está aún protocolizada ó no ha de estarlo? En una palabra, señor Notario, ¿qué hay en esto? Me parece que es muy lógico que yo sepa á qué atenerme, tanto más, cuanto que la situación tirante en que Puig y yo nos encontramos, podía dar lugar á retractaciones por su parte, ó lo que no es imposible, á entablar alguna demanda en perjuicio mío.
—Diré á usted, aunque le interrumpa en su discurso, que Puig es esclavo de su palabra; que ésta ha valido para mí más que todos los documentos juntos; que usted la tiene de que todo lo que constituía la fortuna de Bernaregui es de usted por renuncia de Puig, y que si aún no ha tomado usted posesión plena y entera de dicha fortuna, es por las dilaciones naturales que tan extraño caso hace precisas. Nada más me es posible decir á usted en esta materia, y como ya he respondido á las dos preguntas que deseaba usted hacerme, le ruego no prolongue más su visita, que agradezco, pero que me roba un tiempo precioso para otros clientes.
Todo esto fué dicho con suprema cortesía, pero con una frialdad ceremoniosa que dió bastante en que pensar á Benito. Saludó éste sin encontrar casi palabras para despedirse de Ortiz, y ya en el quicio de la puerta, al darse la mano, le repitió el Notario:
—Y en adelante, créame usted, Sr. de Bonet, cuando desee averiguar asuntos relacionados con su amigo Puig, diríjase á él mismo y verá usted con cuánta lealtad, con cuánta exactitud y con cuántos detalles responde á todas sus dudas.