—¡Y tanto, que no hay manera de conformarse con ellos! En la fábrica todos opinan lo mismo que yo. ¡Si fuera D. Benito el principal! ¡Anda!, ¿quién trabajaba?

—¡Hombre, me gusta la franqueza!

—Es decir..., se trabajaría..., pero con cierto método..., con cierta medida; porque su hermano de usted es bueno, es compasivo..., mientras Puig..., ¡oh!..., ¡ése!...

—Cuidado no le oiga á usted; ya debe andar por ahí...

—¡Á mí no me importa que me oiga todo el mundo! ¡No pertenezco á la inmunda clase de los aduladores del poder! ¡No soy esclavo!

—Pero al fin hay que tener en cuenta—le interrumpió doña Bernarda, acentuando más su irónica sonrisa—que nos da sueldo, casa...

—Comerciando con nuestro sudor.

—¡Prudencia y calma, Rispall!

—¡Chupando la sangre de los ciudadanos, asesinando al pueblo libre!

—No digo que no tenga usted razón..., pero al fin es el amo.