Lucía, la hermosa Lucía, abrazaba á su padre y le besaba con todas las fuerzas de su alma, inundado su bello rostro por un mar de lágrimas, mientras Bernarda gritaba y pedía socorro con estridentes chillidos.

No tardó en acudir una criada con un vaso de agua y algunos hombres con botellas de vino, vinagre y aguardiente, según sus gustos y la opinión de cada uno acerca del líquido conveniente para devolver el aliento á un padre desmayado; y en los brazos de Lucía y después de suspirar como un moribundo, abrió Benito los ojos, y al reconocer á los que le asistían y al verse rodeado de rostros antes tan queridos y momentáneamente para él tan odiados, dijo:

—¡Ah! ¡Ya sé lo que es..., amigos míos, queridos seres de mi alma! Ya sé la enfermedad que padezco.

—Vamos, vamos, déjate ahora de reflexiones y ven á la cama; nosotras te llevaremos—dijo doña Bernarda con el acento de mando que antes usaba para tratar con su hermano.

—Sí, papá..., no hables ahora; dame un beso y vente conmigo.

—Un beso, no; ¡mil, cien mil, vida mía!—dijo el pobre anciano, comiéndose á besos el hechicero rostro de su hija, que lloraba cada vez más, sonriendo ahora de placer y de dicha, mirando sin cesar á su padre.

—¡Dejadme, dejadme!—decía Benito, sin querer moverse de aquel sitio, donde ya estaba de pie, gracias á los esfuerzos de los varios obreros que le rodeaban.—Aquí, aquí mismo, delante de todo el mundo, y á gritos, como los que he dado para que me socorráis, he de decirlo todo. ¡Ya sé lo que tenía, lo que me hacía infeliz, lo que me quitaba el sueño y la felicidad!

—¡Vamos á ver! ¿Qué era, pobre tonto?—le preguntó riéndose Puig.

—¡El dinero! Ese maldito dinero que está aún rodando por la mesa y por la caja, sin que nadie se cuide de esconderle. Yo viví siempre en la modesta medianía, casi en la pobreza. ¡Yo anhelé, yo pedí siempre á Dios la dicha de poseerle; y en cuanto le he visto caer á espuertas en mi bolsillo, se me ha subido á la cabeza y le tenía aquí!..., y aquí me asesinaba..., y aquí me volvía loco...

Y el pobre hombre se golpeaba la frente con sus puños cerrados.