Las puertas del harén se cierren,
y todo vuelva á su primer estado.
Así hago y digo yo, amigos míos: esta carta no existe ni ha existido nunca, y todo vuelve á su primer estado.
Y uniendo la acción á la palabra, y antes que ninguno de los presentes pudiese impedirlo, hizo mil pedazos la carta de Bernaregui, y tiró por el aire, loco de alegría, como antes lo había estado de pena, aquellos mil fragmentos de sus verdaderos títulos de propiedad. Bernarda dió un grito, y quiso recogerlos: Lucía ni se movió siquiera, entre admirada y gozosa; sólo Puig, extendiendo los brazos para que en ellos se precipitase Benito, respondió á todos:
—Ahora sí que te reconozco y te quiero. Eres el mismo hombre de bien de siempre, y aunque has tardado en hacerlo, al fin lo has hecho espontáneamente y como yo lo había esperado un mes en vano. Sólo siento todo lo que has sufrido en esos días y lo que nos has hecho sufrir á todos. Pero para tranquilizar por completo, no á ti, que ya estás bien tranquilo y bien contento, sino á tu hija y á tu hermana sobre todo, quiero que ahora mismo sepas toda la verdad de este extraño asunto.
Y metiendo su mano derecha en el bolsillo del pecho de su gabán, sacó su cartera grande de comerciante y de ella un pliego muy parecido en su forma al que Benito acababa de hacer añicos.
—¿Qué me quieres decir?
—Toma y lee en voz alta ese documento. Él te explicará mejor y más pronto que yo pudiera hacerlo todo lo que aún no acababas de comprender y yo no había de decirte nunca, si hubieras sido como tú mismo creías, pero que hoy es indispensable que conozcas para bien de todos.
—Letra de Bernaregui también—dijo sorprendido Benito al desdoblarle.
—Léele en voz alta y despacio para que nos enteremos todos.