—¿Y por qué no has avisado antes?—dijo D. Juan desde su despacho.

—Porque he tenido otras cosas que hacer—respondió Rispall.—No puede uno estar en todo, por más que quiera.

—Bien, bien—dijo Benito, tratando de apaciguar los ánimos,—no hay más que hablar: dile que se le complacerá en seguida.

—Ya debía eso estar hecho—dijo D. Juan, saliendo del escritorio;—desde ayer tiene Rispall la orden de avisarte.

—Se habrá distraído el pobre; pero nada hay perdido.

—Hay perdido el tiempo que emplea cada uno en no cumplir con su deber. ¡Esto es ya de todo punto insostenible!

—Pero, Juan, me parece que yo siempre cumplo con el mío.

—Nada de esto va contigo... Me refiero á Rispall...

—El infeliz habrá querido hacerlo seguramente; pero una distracción la tiene cualquiera, y... se habrá distraído.

—Eso es, me había distraído..., y no es culpa tan grande.