—Te doy gracias: pero quizás se trate de algún asunto en que yo no deba intervenir, y me retiro.

—No sólo lo permito—respondió el notario,—sino que yo mismo iba á suplicar á usted que permaneciese con nosotros. Su presencia de usted es no sólo conveniente en nuestra entrevista, sino que es absolutamente necesaria.

Benito oyó sorprendido á Llauder; corrió el pestillo de la mampara, y tomando asiento enfrente de Puig, se preparó á enterarse del urgente é interesante asunto que, según le parecía, no había de importarle maldita de Dios la cosa.


CAPÍTULO VI

ABEL Y CAÍN

«Ustedes, que durante tantos años—dijo después de una breve pausa el notario—fueron amigos, y más que amigos aún, compañeros inseparables de Bernaregui: ustedes que con su laboriosidad, inteligencia y entrañable afecto le ayudaron á labrar su fortuna y conocían tanto como él mismo los negocios de la casa y el próspero estado de su fábrica de tejidos, recordarán que me honraba con su amistad y que tenía puesta en mí toda su confianza, seguro de que yo no había jamás, por nada ni por nadie, de faltar á ella.»

—Es cierto—contestó Puig;—siempre le oí hablar de usted en los términos más respetuosos y siempre le oí elogiar su acrisolada honradez y la benéfica influencia que los consejos de usted y su práctica en los negocios habían ejercido en la mayor parte de sus especulaciones y proyectos.