—No sólo se alteran, sino que se varían por completo; y de todo esto deduzco yo que este escrito debió ser confiado á alguna persona, en cuanto lo redactó Bernaregui al día siguiente de testar ante mí, y que esta persona, ó por condición expresa del difunto, ó por haberle dejado éste la elección del momento oportuno de presentarle, ha aguardado hasta hoy para hacerlo, convencido quizá, como yo lo estoy, de que es un documento que para nada sirve.

—¿Pero qué dice ese papel?—preguntó nerviosamente Bonet.

—Salgamos de dudas, señor notario—dijo Puig,—y preparémonos de cualquier modo á cumplir con la voluntad del difunto.

—Usted será el que haya de cumplirla. El pliego dice así:

«En el nombre de Dios.

»Por razones especiales que no me es dado revelar, y cumpliendo con un deber de justicia que mi amigo D. Juan Puig no podrá menos de respetar (tanta es la confianza que me inspiran sus nobles sentimientos y el afecto desinteresado que me consagra), revoco por esta mi última voluntad el testamento que á su favor dicté y firmé ayer ante el notario mi amigo Ortiz de Llauder, é instituyo por heredero único y universal de todos mis bienes á D. Benito Bonet, mi compañero y primer dependiente de mi casa, exhortándole á que atienda al desahogado porvenir de Puig, como á éste le rogaba en mi testamento de ayer no abandonase nunca al que desde hoy va á disfrutar de toda mi fortuna.

»Firmado en mi casa á tantos días, etc.»

—¿Qué?, ¿qué es eso?, ¿qué dice ahí? ¿Que yo soy el heredero de Bernaregui? ¿Que él mismo revoca y anula con ese escrito el testamento por el que instituyó su heredero á Puig? ¿Dice ahí eso?—exclamó Benito levantándose y casi arrebatando de la mano al notario el papel que éste le presentaba.

—Véalo usted por sus propios ojos—contestó Ortiz;—y usted, Sr. Puig, examínelo si gusta.

—¡Es su letra, su misma letra! ¡Lo dice bien claro! No cabe duda. ¡Soy yo, yo su heredero! ¡Entonces, durante tres años, puede decirse que esa fortuna no ha pertenecido á su legítimo dueño!

—Yo la he disfrutado, como dice el señor notario, con derecho y justo título, y nadie, y tú menos que nadie, puede culparme por un acto que ha revestido todos los caracteres legales.

—Y que los reviste aún, señores. No olviden ustedes que la respuesta que yo dí aquel día á las dudas de Bernaregui es la misma que daré hoy á sus preguntas. Sea el que sea este documento; sea cualquiera la fecha en que está escrito y la del día en que ha llegado á mi poder; sea ó no auténtico y declárenlo ó no apócrifo los tribunales, si á ellos se apela para resolver este litigio, el Sr. D. Juan Puig es el único y legal heredero de Bernaregui. Usted podrá en último caso, Sr. de Bonet, poner pleito á su amigo; pero desde hoy le prevengo que está perdido desde luego, que este pliego nada significa, y que no hay jueces humanos que puedan privar á Puig de la fortuna que legalmente posee.