—¡Hay muchos gastos!

—Convengo en ello.

—Hay también mucho empleado inútil.

—No digo que no tengas razón. Pero entonces se me ocurre preguntarte: ¿cómo no has caído en ello cuando yo era el principal? ¿No creíais todos vosotros que yo hacía poquísimo en favor vuestro? ¿No os parecía que todos erais pocos y no muy bien retribuídos? ¿Cómo diantres has caído hoy en la cuenta de lo contrario? ¿Á qué se debe ese cambio de opiniones?

—No es de hoy como tú supones. Hace ya un mes que observo diariamente lo que aquí sucede, y cada día me aferro más en mi creencia de que esta casa está lamentablemente organizada.

—¡Un mes! Vamos, desde que el notario nos entregó la carta de Bernaregui en favor tuyo. No has perdido el tiempo.

—No es eso, no es eso—dijo Benito, encontrándose sin saber qué responder á la filípica de su amigo,—sino que cada uno ve de un modo diverso los negocios. Y hay muchísimas cosas que no pueden verse desde fuera, sino desde dentro, que es su verdadero punto de vista. No es lo mismo cobrar que pagar, y aunque yo no estoy aún en el práctico ejercicio de mis funciones y sólo puedo hablar de estos asuntos en teoría, en ella te digo que este sistema es insostenible; que esta casa produce hoy mucho menos que en tiempo de Bernaregui; que cada día produciría menos si yo continuase en ella el orden establecido por ti, y que todo necesita una reforma inmediata, radical. Todo, absolutamente todo: desde lo primero hasta lo último, desde el jefe hasta el más ínfimo criado.

—En eso estamos completamente conformes, y ya recordarás que sólo por lástima no llevé yo á cabo algo de lo que indicas.

—Pues la lástima es lo que estaba de más en tu tiempo y lo que yo procuraré eliminar de mi corazón en el mío. Los negocios son una cosa y los sentimientos otra. No creo que los asuntos de partida doble se puedan arreglar por las palpitaciones del corazón; así como sería un absurdo reglamentar los afectos humanos por el debe y haber de un libro de caja. Dejemos á cada cosa para su cosa, y volvamos á hablar de todo esto en hombres de negocios. Y como quiera que ya te he dicho que es preciso arreglarlo todo, empezando por mí, y yo cuidaré muy bien de cumplir respecto de mí con mis propósitos, y tú eres el segundo en la casa, pasemos á ocuparnos de ti, puesto que de ti han de tomar ejemplo todos los demás y puesto que sobre ti no hay nadie más que yo.

Si á otro que á Puig se hubiese dirigido este abigarrado discurso, indudablemente le hubiera causado singular extrañeza. Pero Puig debía estar muy seguro de los puntos que calzaba Benito y preparado de antemano para oir sus nuevos planes, cuando le escuchó con la mayor indiferencia y como si de él no se tratara.