Las ideas políticas se han apoderado de todos los cerebros y han invadido todas las conciencias. En otros tiempos, no sé si más venturosos ó menos desdichados que los presentes, sólo los actores que tomaban parte en la representación de la comedia política se interesaban verdaderamente por ella, ó mejor dicho, por ellos mismos; pero el público que presenciaba el espectáculo apenas le prestaba atención pasajera; y lo que es la multitud que llenaba el mundo, ni sabía la existencia del teatro, ni conocía á los actores, ni acertaba á deletrear el título de la comedia.

Como la piedra lanzada á un lago lleva hasta el último límite de su superficie los círculos de sus ondas; como el sonido atraviesa las capas atmosféricas repercutiéndose en las ondas sonoras hasta el infinito inapreciable á muchos oídos, llegaban al pueblo los acontecimientos políticos. Sentía el movimiento, percibía el sonido, pero ignoraba por completo la piedra que causaba el primero ó el ¡ay! que producía el segundo.

La Revolución francesa al declarar los derechos del hombre, haciendo á éste partícipe consciente de la vida de la humanidad, como el Nuevo Testamento le había antes dado equitativa participación en la vida eterna, hizo á todos los humanos actores del drama político, de la comedia social, del sainete de costumbres y aun de la tragedia religiosa: Uno para todos y todos para uno es el lema moderno; socialismo práctico más infalible, más inevitable y más eterno que todos los sistemas teóricos de Prudhones y Smithes presentes y futuros.

La nueva ley social necesitaba un Nuevo Testamento, y ese Nuevo Testamento de la nueva ley social fué la prensa periódica. Por ella es hoy el hombre ente social, y factor político, y miembro científico y parte integrante del todo humano.

El periódico, que ahorra el libro, por ser la síntesis pública é impresa de todos los libros; que da diariamente impresa la opinión ya concreta y condensada sobre todos los hechos, todas las ideas y todos los sistemas políticos, científicos, artísticos, literarios, morales, filosóficos y sociales; que ahorra el estudio, el tiempo, el trabajo intelectual previo para entender de todo, hablar de todo y juzgar de todo, es hoy, no ya la palanca de la idea, sino la idea misma, asequible por igual á todos los criterios y á todas las inteligencias.

Si la invención de la moneda ha hecho fácil y práctico para la gran masa humana el pan nuestro de cada día indispensable para el cuerpo, así la invención de la prensa periódica ha dado al mundo el pan nuestro de cada día para satisfacer las necesidades del espíritu.

Y como la eterna ley del progreso más se refiere al espíritu que á la materia; como la humanidad, al irse modificando á través de la historia y de las vicisitudes del planeta terrestre, ha modificado su esencia moral, sin alterar en nada su estructura física, puesto que el hombre y la mujer tienen hoy los mismos órganos, las mismas funciones fisiológicas y las mismas formas externas que Adán y Eva, sus primeros padres, claro es que la necesidad del pan es igual para todos los estómagos humanos, como lo ha sido desde el pecado original, variando sólo según los progresos del espíritu las necesidades de éste.

Por eso durante muchos siglos el hombre resumió sus aspiraciones gritando en todos los tonos: Pan y palo.

Por eso los españoles gritaban en los albores del gran siglo XIX, como resumen de todos sus goces: Pan y toros.

Por eso, sin gritarlo, pero sintiéndolo en todos sus actos, en todos sus juicios y en todos sus deseos, el hombre moderno pide para vivir, como únicos factores de su existencia: Pan y periódico.