Malhumorado estaba el hombre, cuando después de atravesar los patios y de subir de dos en dos los peldaños de la escalera que conducía al piso principal del edificio penetró en el escritorio grande. En él no había nadie más que Rispall, el demócrata, el sublime Rispall, arrellanado en un sillón de baqueta, con El Porvenir ante los ojos, la espalda en el respaldo y una escoba, una humillante escoba caída á sus pies como signo de vergonzosa esclavitud y servidumbre.
Benito echó una mirada de águila por la habitación, y dirigiéndose al gran político, después de un ¡hola, de pie!, que cayó en los oídos de Rispall como una bomba de dinamita, prosiguió en el mismo tono:
—El escritorio está hecho una vergüenza; ¡pronto, á limpiarlo!
—¡Hoy es ya tarde...; mañana se limpiará temprano!—respondió el tribuno.
Si fuera posible que se amontonaran en un individuo en un solo momento todas las fuerzas físicas que hubiera dejado de emplear durante su vida, ese hombre podría levantar con un solo esfuerzo la aguja de Cleopatra ó la Giralda de Sevilla.
Suponemos del mismo modo que si la suma de talento de que un hombre puede disponer á diario, la depositara íntegra en una caja de ahorros intelectuales y en un día dado la empleara toda de una vez, por pequeña que fuera la dosis con que Dios le dotara, podría quizá escribir, no El Quijote, obra sobrehumana que se escapa al peso y á la medida, pero sí muchas de esas obras tenidas por sublimes y casi inmortales.
Pues ahora, bajando al terreno de la práctica nuestra suposición, sin duda Benito había acumulado, dentro de su carácter pacífico, todas las resistencias y todas las protestas de una vida de obediencia pasiva y de docilidad sistemática, y esa fuerza junta, formando una masa compacta y poderosa de mando y de energía, salió en un momento dado como avalancha asoladora y terrible al escuchar la respuesta desdeñosa del admirador de Ruiz Zorrilla.
Torva la mirada, adusto el ceño, pronunciado el entrecejo, pálida y desencajada la voz, y airado y decidido el ademán, adelantóse al tranquilo Rispall y uniendo la acción á la palabra le dijo:
—Tire usted ese periódico, ¡ahora mismo! Coja usted esa escoba...
—¿Eh? ¿Qué es esto, D. Benito?