Dixo la señora doña Mencía: Señora doña Beatriz, no puede parecer don Luis Milan á lo que no paresce, que no siendo perras sus cosas, haga risa de perro; más parece á risa de córte, que risas de avisados reprensiones son.
Dixo la señora doña Violante: Señora doña Merina de Tovar, ¿qué le parece destas dos lanzas que han corrido estas señoras? ¿á quién daria vuestra merced la mejoría,? que el merecimiento no debe estar sin precio.
Dixo doña Merina de Tovar: La señora doña Mencía corrió mejor lanza, pues socorrió á don Luis Milan, que estaba corrido de verse apodado á risa de perro, por haber sido mucho reido. Y la señora doña Beatriz de Osorio no corrió mala lanza, pues corrió á don Luis Milan, que ha sido echar lanza en Fez, lo que yo les doy es lo que se traen consigo, que el merecimiento no está sin precio. Dixo la señora doña Luisa: Señora doña Joana de Guzman, adevinar querria lo que vuestra merced piensa y debe ser; que tiene muy risueño el servidor, y es señal de poco amor.
Respondió la señora doña Joana de Guzman: Señora doña Luisa, mi servidor no rie de poco amor, mas ríese de lo que sé.
Dixo la señora doña Castellana: Señora doña Joana de Dicastillo, ¿de qué puede reir el servidor de la señora doña Juana de Guzman? ¿si se rie que le dicen don Donoso, y nunca dice donaires?
Respondió la señora doña Joana de Dicastillo: Señora doña Castellana, á jornadas es donoso, que el otro dia acertó á decir uno á su dama, y fué que la apodó á saboga, que tenía gusto para contentar, y espinas para ahogar, y ella le dixo: que tenía donaires de pescador. Y él respondió:
Si pescase vuestro amor,
Sería buen pescador.
Y ella replicó:
No me dejaré pescar
En vuestra mar.
Y él se fué desavenido con ella, y así está como halcon encapirotado, que no dice nada.