Dixo don Luis Milan: Muy contento estó de la señora doña Beatriz de Osorio, que me apodó á risa de perro, porque me hizo mercurino, de la propiedad del planeta Mercurio, que le pintan la cabeza de perro, por ser muy sentido y entendido; y así risa de perro es de avisado, que apénas ha de mostrar los dientes cuando rie, mostrando que siente lo bueno y lo malo de la conversacion, y á lo bueno ha de reir como quien alaba, y á lo malo como quien reprende. Dixo que yo reia regañando cuando queria mofar, y en esto quiso decir mal de mí, ó no me entendió, que mejor mostró la señora doña Mencía entenderme, en lo que respondió por mí; y aunque en mí no haya tanto bien como dixo, en su mercad hay aviso para hacerme más de lo que soy, pues puso nombre risa de córte, á la que la señora doña Beatriz dixo de perro; que no es perra ni mofadora la risa que al reprendido mejora.
Dixo Joan Fernandez: Don Luis Milan, mucho querria saber cómo se ha de reir para alabar ó para reprender, que yo nunca he oido ni visto risas que hablen, sino agora.
Respondió don Luis Milan: Señor Joan Fernandez, razon sería que me hubiésedes entendido las risas que me habeis hecho hacer muchas veces; que por responder á lo que me habeis preguntado, contaré lo que á muchos caballeros y á mí nos contastes en el Real, delante su excelencia; y dixistes que viniendo muy tarde á dormir, pasada media noche, os desnudastes solo por no ser sentido; despertó vuestra mujer, muy brava y celosa riñéndos mucho, y como le sobrase la razon, á vos os faltaba para respondelle, y siempre callando os acostastes; y ella, de muy enojada, dándoos empujones os trajo hasta la orilla al despeñadero, y como vos os vistes tan apretado, porque no os derribase de su cama, dixístesnos que le tirastes una púa, y ella os dixo: Vade retro, Satanas, que mi marido no era tan sucio; y huyendo de la cama, y vos tras ella le respondistes: Mujer, no soy Satanas, sino puerco espin, que cuando le aprietan tira púas. Y preguntándome el Duque qué me habia parecido del cuento, yo le respondí: Señor, preguntaldo á mi risa; y él me dixo: ¿Qué, las risas hablan? yo le dixe: Cuando el reir es con zuño y gesto de menosprecio, entónces es reprender, y el sonreir con gesto amoroso es alabar, que harto hablan las risas, que descubren á los ánimos lo que sienten. Si Joan Fernandez me cree, ántes se dejará despeñar de la cama, que hacer más el puerco espin.
Dixo Joan Fernandez: Bien será mudar de nuevas, porque mi mujer se ha parado colorada y está corrida. Yo le he hecho del ojo que disimule, y no sé si lo hará.
Respondió la señora doña Hierónima: No cumple hacerme del ojo, ni del dedo, que calle, pues no es para disimular lo qu’es mal disimularlo; que sufrir la mujer al marido, no ha de ser para que la tenga en poco como vos haceis, que á su excelencia quiero pedir justicia de vos, que os mande no saqueis cuentos sobre mí.
Dixo Joan Fernandez: Mujer, mirad lo que decis, que nunca saqué cuentos sobre vos, que siempre quereis que yo esté debajo, y á vuestro mando, que yo no he casado con mujer, sino con hombre; y así cuando las damas me preguntan qué hace doña Hierónima, vuestra mujer, yo les digo: Señoras, no se puede vivir con don Hierónimo, mi marido, que yo soy la mujer, pues ella no lo quiere ser.
Respondió la señora doña Hierónima: Si yo no hiciese el hombre, ninguna mujer ternia segura en casa de vos; y á tal marido tal mujer.
Dixo la Reina: Doña Hierónima, reir me habeis hecho de buena gana; amostráme cómo haré el hombre, pues vuestro marido ha mostrado al Duque, mi señor, á ir tras las de su casa.
Respondió el Duque: Vuestra alteza es tan celosa, que á mí me ha hecho celoso, y por esto voy tanto tras sus damas, para guardallas.
Dixo Joan Fernandez: De la boca me lo quitó vuestra excelencia, que eso mismo le queria decir á doña Hierónima, mi mujer.